miércoles, 20 de agosto de 2014

De vuelta al mundo real

Pues sí, se acabó lo bueno. Y estoy de vuelta al tajo, como la mayoría (al menos de momento). De [Sra.] Rodríguez, como muchos también. Sólo por tres días, pero aprovecho esta extraña calma que se respira en mi casa para actualizar el blog.
Peeeeeeeeeeero... como  no todo iba a ser risas y jijijajá, estoy de bajón postvacacional, muerta de sueño, desubicada con los cambios de horarios y hábitos y, en general de muy mal café (mmmm... caféeee buenoooo amigoooo míioooooo...). Ahora que lo pienso, tal vez los chicos se hayan quitado de enmedio por instinto de supervivencia más que otra cosa. MMmmm... no sé.
De momento había funcionado. Ayer me dí una buena maratón de películas que tenía "pendientes" y, en general, hice lo que me dió la gana toda la tarde. Sin embargo me acosté tardísimo y me pasé toda la mañana de hoy pensando en el glorioso momento de llegar a casa y echarme una buena siestorra, de las de pijama y orinal. Me las prometía yo muy felices. Alma cándida.
El caso es que hoy, el segundo día de trabajo, iba a ser tranquilo y relajado. Pues no. Resulta que en lugar de irme a casa, tuve que ir a otro lugar, exáctamente en la "Venta de la Puñeta" que se dice, y a la ida bien, sólo algo de calor en el metro, pero bien... Sin embargo a la vuelta... oh maravilla de las maravillas...

¿Cómo podría expresarlo de forma clara y concisa? ¡Ah, claro!
Me cago en toda la familia de los de Cercanías.

Ahora, paso a la forma desarrollada y confusa, pero más terapéutica.
Están de obras otra vez (sí sí, otra vez) y encima de que todos pasamos por el aro de seguir pagando una pastaza gansa por un servicio con menos frecuencias, apiñarnos en trenes cortos, y en general hacer lo que ellos digan (cualquier día nos hacen cantar y bailar), encima, decía, resulta que volvemos a las tonterías de siempre.

Resulta que dos de las múltiples líneas de cercanías comparten andén y parte del recorrido, peeeeeeeeeero, una de ellas va hacia la zona norte (llamémosla desde ahora A) y otra a la zona sur (por supuesto, B).
Siempre dan preferencia a la línea A. Siempre, SIEMPRE. En tooodos los años que llevo soltando pestes como usuaria de este servicio, todavía tengo que mantener la fe de vivir la fantabulosa experiencia de que den preferencia de paso alguna vez a la B en lugar de a la A al llegar a la famosa estación de Currolandia, por la que pasan todas las líneas.
Del mismo modo, a la hora de los recortes, recortaron en frecuencia y vagones de la línea B y apenas nada de la A.
En cuanto a infraestructuras, la línea A tiene estaciones cubiertas o al aire libre, pero estaciones, bien comunicadas y con buen acceso con la zona urbana correspondiente. Esto no ocurre con la línea B, en la que la mayoría son estaciones al aire libre, o directamente apeaderos con caminos de cabras o ni eso. De hecho, la estación a la que voy a diario no es la más cercana a mi casa, sino la más cercana con posible acceso desde mi casa (a no ser que seas un pájaro y vueles, claro). Me tengo que hacer un paseíto de 20 minutos en lugar de los 10 de la que tengo más cerca, porque a ésta última ya no se puede acceder.
Antiguamente se podía por camino de cabras, sacabas pecho y cuadrabas hombros y allá que ibas jugándote el tipo, asumiendo que te arriesgabas a algún asalto, robo o, por supuesto, un esguince al andar por el terreno irregular sin iluminación, o si no, subiendo o bajando de ese andén altísimo o siendo atropellada al cruzar la vía...
En fin, el caso es que hay diferencias muy marcadas entre las dos líneas, en cuanto a infraestructuras y también a servicio. PERO NO EN PRECIO.
Otra diferencia es la que dejado para el final por tener más relación con la historieta de hoy. Y es que mientras la línea A muy rara vez cambia de andén en la estación de Currolandia, la línea B no tiene esa suerte. A la mínima te hacen correr como posesa para cambiarte de andén en el último momento, eso con suerte. Digo con suerte porque cuando estás en el otro andén vuelven a anunciar otro cambio de vía, así he contado hasta tres veces. O a las malas te das cuenta de que por más que esperas y esperas tu tren no aparece... ¡¡aaaah... se sienteeeee!! Espérate al siguiente, por ahí cantan que todo es posible si tienes Fe. Todo menos llegar a tu hora al trabajo o a por los niños a la salida del colegio, claro.

Después de este tostón, cuento la Odisea de esta tarde.
Después de resolver mis asuntos (uy ha sonado a mafiosa, pero nada más lejos... bueno, lejos sí pero esa es otra historia), por fin llego a la estación de Currolandia, pico mi bonotren de 10 y entro, porque tengo que pillar la línea B para ir a casa por fin.
Una vez dentro miro en su andén y nada. Miro en los luminosos y nada. Escucho los mensajes de megafonía y nada, no dicen ni pío de mi línea (total pa' qué). Busco los raquíticos carteles de advertencia tamaño dinA4 engurruñados que creí ver a la ida... Encuentro uno y me quedo ojiplática porque vale, dice que "pasarán por andén 10 a las siguientes horas"... y según las horas que pone, resulta que después de estar allí esperando más de media hora de pie, se fuman otro tren y me tocará esperar otros 21 minutos hasta el siguiente. Situación : de pie, calorazo, cansancio, agosto, estación, cemento, deshidratación, dolor de espalda, cabreo postvacacional... si no acabase de terminar con ello este mes, estoy segurísima de que me habría bajado la regla también.
Ahí nos ves, a un montón de gente bajando al dichoso andén 10 (que no es el habitual, insisto). Una vez allí, el cartelito del demonio te confirma que por más que esté el tren ahí parado y el conductor paseándose, el tren estacionado allí con destino a Tucutú no sale hasta pasada media hora. Al final presa de la confusión, preguntamos al que parece ser conductor de ese tren, quien contesta que no sale tren alguno aunque ponga el cartel que sí.
Ahí queda eso.
¿Qué haces después de eso? Te vuelves a subir al vestíbulo. Sigues mirando por todas partes y lo único que ves sigue siendo próximo tren a Tucutú via 10 ... Vuelves a bajar a dicho andén.  Y cuando estás pensando que de ahí no te mueves (y que más vale que salga el tren cuando dice el cartel luminoso que sale o matas a alguien), esperas porque estás hasta las narices y te duele ya hasta el alma... cuando escuchas "Tucutú vía 4... Tucutú vía 4... " Y entonces estalla la bomba atómica del caos en la confusión. Todos las víctimas hablan y se preguntan a la vez, nadie entiende nada. "¿Vía 4? Peroperopero... ¡Si por esa vía ni siquiera van en ese sentido!".... Y así hasta que los más valientes o agobiados salen corriendo de nuevo escaleras arriba para cambiar de vía y los demás les siguen, alguno haciendo fotos a los carteles y señales con idea de poner la reclamación oportuna o colgarlo en su blog.
Por fin llegas a la dichosa (y casi desconocida para ti) vía 4,  como el que entra en casa ajena sin permiso, y al final subes al tren por los pelos cuando suena el cierre de puertas y ni te acuerdas de mirar a los pobres rezagados que no llegan a tiempo. A la pareja mayor, el de la bici, el despistado, las extranjeras, la abuela con los nietos quejicas (pensando "mañana me voy al pueblo") ...
Y el tren se pone en marcha... Maravilloso. Fantástico. INCREÍBLE. Te dan ganas de llorar, como si hubieras tenido que ir al Monte del Destino con un anillo malvado con voluntad propia, tirarlo a la lava ardiente y huir de allí sabiendo que te toca volver al día siguiente. Encima pagando.
Y lo peor de todo es que SABES que al día siguiente te tocará más de lo mismo.


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