sábado, 27 de septiembre de 2014

A inventar en la cocina: pseudo-burritos de aprovechamiento


El pasado martes (¿o fue miércoles? ¿He comentado ya que tengo la memoria de un pez?) no tenía ni idea de qué preparar de cena. Tampoco es que tuviera muchas ganas, así que eché mano de lo que rara vez falta en nuestra nevera y me puse manos a la obra.

Había por ahí un tupper con un par de muslos de pato sobre una cama enorme de arroz blanco, había mozzarella rallada para pizza, tranchetes … ¡¡pues ya está!!
Para qué iba a darle más vueltas, con las ganas que tenía de gastar unas tortillas mexicanas de maíz que estaban empezando a desintegrarse dentro de su envoltorio. No las había comprado antes de maíz así que no sé si cuando las compré estaban ya más secas que la pata de perico o es que son así de delicaditasssss…

También tenía tomates, que en casa no faltan porque somos muy “tomateros” y aunque no haya nada más para hacer una modesta ensalada, tiene que haber tomates, y si no los hay… es como si faltase algo a la cena.. no sé…

Así que me acordé de las tortillas de maíz mexicanas. Más que nada porque andaban por medio dando vueltas desde que las había comprado para probar a hacer burritos algún día… (palabra clave: “ALGÚN”) y me remangué poniéndome manos a la obra de inmediato, que ya había gusa oye.

Encendí primero el horno (eléctrico), arriba y abajo a 200º. En realidad algo menos porque mi horno está muy mayor el pobre y tiene complejo de incineradora.

Preparé el tinglado con los ingredientes:
Deshuesé e hice hebras a la carne de los muslos de pato y deseché los huesos y la piel.


Removí el arroz blanco con el juguito del pato (no la grasa, esa fuera...).

Partí un tomate de rama en cuadraditos.
Dispuse toda la parafernalia en mi mini trocito libre de encimera (mi cocina es la de la Señorita Pepis, pero sólo por el tamaño)
Y ¡hala a montar los burritos! … ¡Nooo! ¡Esos no! ¡Pero qué hacéis con un burro en casa!? XP
Perdonad, no me pude resistir…



Extendí una torta de maíz, le puse en su diámetro a pegote la mozzarella rallada, encima (también a pegote) el arroz, encima del arroz la carne deshilachada de pato y encima de todo eso tomate en cuadraditos.

Ahora cierras la tortilla de maíz haciendo el típico paquetito de los burritos. Espero que no te pase lo que a mí que se me rompía tooooodaaaaaaa!!
Para que se quedase cerrado usé trozos de queso en loncha tipo “sabanita”, “tranchete”, o como lo llames. No lo cubrí más de queso porque al pequeño de la casa no le gusta (y el objetivo final de esto es que cenáramos todos).


Los puse en una fuente apta para el horno, todos juntitos tal que así:


Seguramente a estas alturas ya te has dado cuenta de que cualquier parecido con un burrito mexicano es pura coincidencia XD
¡Peeeeeeeero! No sabía cómo llamarlo, de hecho mientras escribo esto aún no sé cómo lo voy a llamar… echaremos imaginación.

Y nada más. Lo tuve en el horno bajo estricta vigilancia hasta que vi que estaban dorados y el queso derretido y los saqué rápido no fuesen a carbonizarse.
Aún así mirad como las esquinitas están ya algo chamuscadas… grrrrr…





Los serví uno en cada plato con un poco del arroz blanco acompañando. Et voilá!


Y ya llegó el momento de la degustación. Contra todo pronóstico ¡estaban de muerrrrrrte! Buenísimos, en serio. La tortilla crujientita tipo nacho y dentro la mozzarella derretida y la mezcla de sabor y textura del resto de ingredientes resulta muuuyyy agradable. Eso en calentito, que el que sobró me lo llevé al día siguiente al trabajo y estaba igual o casi más rico todavía en frío y reposado.
Aunque eso sí, cómo me hubiera gustado tener unos frijoles y un buen guacamole… Pero como habéis visto y he comentado antes, cualquier parecido con la comida mexicana es pura coincidencia.

Y hasta aquí el experimento de los pseudo-burritos de aprovechamiento.

Mis disculpas por las churrifotos. La fotografía es un arte que no domino (a pesar de los cursos realizados con aprovechamiento). Y menos con la cámara del móvil, que era lo que tenía más a mano.

¡Saludos triperos!

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