El pasado martes (¿o fue miércoles?
¿He comentado ya que tengo la memoria de un pez?) no tenía ni idea de qué
preparar de cena. Tampoco es que tuviera muchas ganas, así que eché mano de lo
que rara vez falta en nuestra nevera y me puse manos a la obra.
Había por ahí un tupper con un par
de muslos de pato sobre una cama enorme de arroz blanco, había mozzarella
rallada para pizza, tranchetes … ¡¡pues ya está!!
Para qué iba a darle más vueltas,
con las ganas que tenía de gastar unas tortillas mexicanas de maíz que estaban
empezando a desintegrarse dentro de su envoltorio. No las había comprado antes
de maíz así que no sé si cuando las compré estaban ya más secas que la pata de
perico o es que son así de delicaditasssss…
También tenía tomates, que en casa
no faltan porque somos muy “tomateros” y aunque no haya nada más para hacer una
modesta ensalada, tiene que haber tomates, y si no los hay… es como si faltase
algo a la cena.. no sé…
Así que me acordé de las tortillas
de maíz mexicanas. Más que nada porque andaban por medio dando vueltas desde
que las había comprado para probar a hacer burritos algún día… (palabra clave: “ALGÚN”)
y me remangué poniéndome manos a la obra de inmediato, que ya había gusa oye.
Encendí primero el horno (eléctrico),
arriba y abajo a 200º. En realidad algo menos porque mi horno está muy mayor el
pobre y tiene complejo de incineradora.
Preparé el tinglado con los
ingredientes:
Removí el arroz blanco con el
juguito del pato (no la grasa, esa fuera...).
Partí un tomate de
rama en cuadraditos.
Dispuse toda la parafernalia en mi mini trocito libre de encimera (mi
cocina es la de la Señorita Pepis, pero sólo por el tamaño)
Y ¡hala a montar los burritos! … ¡Nooo!
¡Esos no! ¡Pero qué hacéis con un burro en casa!? XP
Perdonad, no me pude resistir…
Extendí una torta de maíz, le puse
en su diámetro a pegote la mozzarella rallada, encima (también a pegote) el
arroz, encima del arroz la carne deshilachada de pato y encima de todo eso tomate
en cuadraditos.
Ahora cierras la tortilla de maíz
haciendo el típico paquetito de los burritos. Espero que no te pase lo que a mí
que se me rompía tooooodaaaaaaa!!
Para que se quedase cerrado usé trozos
de queso en loncha tipo “sabanita”, “tranchete”, o como lo llames. No lo cubrí
más de queso porque al pequeño de la casa no le gusta (y el objetivo final de
esto es que cenáramos todos).
Los puse en una fuente apta para el horno, todos juntitos tal que así:
Seguramente a estas alturas ya te has dado cuenta de que cualquier parecido con un burrito mexicano es pura coincidencia XD
¡Peeeeeeeero! No sabía cómo
llamarlo, de hecho mientras escribo esto aún no sé cómo lo voy a llamar…
echaremos imaginación.
Y nada más. Lo tuve en el horno
bajo estricta vigilancia hasta que vi que estaban dorados y el queso derretido
y los saqué rápido no fuesen a carbonizarse.
Aún así mirad como las esquinitas
están ya algo chamuscadas… grrrrr…
Y ya llegó el momento de la
degustación. Contra todo pronóstico ¡estaban de muerrrrrrte! Buenísimos, en
serio. La tortilla crujientita tipo nacho y dentro la mozzarella derretida y la
mezcla de sabor y textura del resto de ingredientes resulta muuuyyy agradable.
Eso en calentito, que el que sobró me lo llevé al día siguiente al trabajo y
estaba igual o casi más rico todavía en frío y reposado.
Aunque eso sí, cómo me hubiera gustado
tener unos frijoles y un buen guacamole… Pero como habéis visto y he comentado
antes, cualquier parecido con la comida mexicana es pura coincidencia.
Y hasta aquí el experimento de los pseudo-burritos de aprovechamiento.
Mis disculpas por las churrifotos. La fotografía es un arte que no domino (a pesar de los cursos realizados con aprovechamiento). Y menos con la cámara del móvil, que era lo que tenía más a mano.
¡Saludos triperos!




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